Hay un momento en la lactancia del que se habla poco: aquel en el que pones a tu bebé al pecho, te extraes leche y sientes que tu cuerpo ya no responde. El biberón se queda medio vacío. El bebé sigue pidiendo. Y, en medio del cansancio, se instala una vocecita: «es culpa mía».
Conozco ese momento. Yo también lo viví. Y lo primero que me gustaría decirte es que no es raro, ni definitivo, ni culpa tuya.